miércoles, septiembre 22, 2010

Posteo cul

Son muchas las cosas que uno puede anotar en la bitácora de vivir fuera del país en el que nació. Sobre todo cuando, como en mi caso, más que confort o el tan mercantil “paso adelante” lo que se salió a buscar fue todo lo contrario: abandonar la comodidad crítica de Santiago-lounge y encontrar una vocación política en un país que según todos los índices que en Chile nos gusta tanto conocer, está en un escalafón inferior de progreso económico.

Muchas cosas he ido anotando yo. Muchas otras ya me son tan inconscientes que no me da para anotarlas. Y si los amigos son siempre ese barómetro que nos permite mirarnos y saber cuándo la cosa se ha salido de control, pues esa posibilidad se anula al estar lejos.

A pesar de todo, he notado mi menor tolerancia. Me enojo más fácil por algo, y contesto más rápidamente también. Puedo tomar determinaciones fulminantes acerca de algo sólo por la rabia que me produce y sin pensarlo demasiado. Es la rabia tal vez la cuestión más fuerte a la hora de separar mis aguas.

Y me da rabia el ratonismo, la cuestión indirecta, no ser lo suficiente persona como para decir a la cara algo importante. El oportunismo y la gente aprovechadora. La fabricación de imagen cuando no se tiene nada que decir. El propio grupo social al que tengo la suerte, y nunca el mérito, de pertenecer.

¿Cómo conjugar con la ternura? Pues, se me pierde a ratos. Pero tan difícil no puede ser. Ternura es pensar en la posibilidad de algo distinto, donde no sólo esté yo y mi iphone imaginario; ternura es decir palabras de verdad, no trascripciones y muletillas en inglés sólo porque suena cul. Un millón de ternura en mi familia, la que me tuvo y la que empiezo a formar. Ternura infinita en los amigos, en cómo hemos crecido juntas; incluso en el enojo tan simbólica, real y profundamente amoroso de la amistad más honesta e importante que he conocido.

Ternura es despertarme a su lado todas las mañanas. Y saber que usted también está rabiosa por ese oportunismo, por lo decadente que algunos hacen pasar por cul.

viernes, mayo 28, 2010

Tres días de Mayo.


I
Lunes. Estado es la calle donde venden zapatos. Buscaba una tienda Bata, para comprar unas zapatillas. Doblando en la esquina me acordé de esa tienda Bata, donde mi mamá me compró unos bototos café, cuando tenía 12 años. Estando nuevos, la punta redonda del zapato derecho se hundió, y mi mamá fue con ellos a reclamar y cambiarlos por unos nuevos. El señor que la atendió le preguntó si tenía un niño, pues era típico que se les hundiera la punta jugando a la pelota. Mi mamá le dijo que no, que tenía una niña. Lo que no sabía, es que yo efectivamente le había pegado un puntete a una pelota el día anterior, en el recreo del colegio. Era invierno, como el que empieza ahora. Todavía tengo y uso esos bototos, pero los dejé en Santiago.

II
Martes. Buscando mis cosas. Mi mamá pone todo en bolsa, organiza mis chalecos, mis poleras. Hace que todo quepa y parezca poquito. No encuentro mi mp4, y damos vuelta mis cajas. Pero no apareció. Me dijo que me compraba otro. Le dije que no, que quería ese.
Me echa un juego de toallas nuevo. Mete las pantuflas que me compró ese día en la mañana, porque “usted siempre anda a pata pelá y se va a resfriar”. Me abraza fuerte de vez en cuando. Me pregunta si quiero que se vaya a dormir conmigo. Le digo que no.

III.
Miércoles. Madrugada. Los bolsos al auto, el camino al aeropuerto. Mi papá pregunta si sé quién escribió la letra de la canción Smile, le digo que creo que Charles Chaplin. Me dice que eso es correcto. Luego me pregunta si sé para qué otra canción usaron esa letra. Le digo que para la canción del japenning con ja. Me dice que si, y empieza a tararearla. Mi mamá me mira, me abraza de nuevo. Un café cinco minutos antes. Le paso uno de mis anillos a mi mamá. Me dice que no se lo sacará nunca. Abrazo a los tres. Mi papá y la Pame me dicen que esté tranquila. Mi mamá me abraza por última vez, sin decir nada. Policía internacional, miro a la puerta, mi mamá con los ojos lleno de pena me señala el anillo y sonríe. O hace que sonríe.

lunes, abril 20, 2009

Cosas tontas que ahora pasan a ser igual de no importantes que las que se supone son importantes.



Hay tanta cosas de las que no se enteró usted. Tantas tantas que me parece que no importa tanto. Por que claro, bajo toda circunstancia, es necesario respetar las distancias generacionales y de parentesco. Así mismo, hay varias cosas suyas de las que yo tampoco me enteré. Y tampoco importa tanto.

Sólo importa que yo supiera que le gustaba Mocedades, Gardel y Plácido Domingo. Que, tal como yo, cada cierto tiempo hacía operaciones matemáticas para no olvidar; que en las noches a las dos nos gusta cerrar el día escribiendo y que nuestra persona favorita del mundo es la misma.